Las tendencias de consumo que se avecinan en este 2018 están estrechamente vinculadas con los modos de vida actualesy son una consecuencia directa de la forma en que abordamos nuestra alimentación con respecto a factores intrínsecos y extrínsecos de cada individuo. Sin embargo, pueden trazarse ciertas analogías que responden a ciertos hábitos, y que son las que marcan el curso de nuestros niveles de consumo.

Aunque en nuestra sociedad de bienestar permanezcamos algo ajenos a los datos globales acerca del crecimiento demográfico, el envejecimiento de la población, el grave aumento de la competencia por los recursos naturales y la demanda de agua en agricultura e industria, el hecho irrefutable es que estos aspectos influyen de forma casi automática en nuestra percepción de la alimentación. Por ejemplo, la apuesta por el bienestar social y la democratización de los productos de alimentación, ha llevado al imaginario colectivo a reconocer que el gasto energético y el impacto ambiental de los modelos de producción tradicionales no son compatibles con el consumo ético y responsable. Por ello se hace tan necesaria la inversión de los fabricantes y las marcas en nuevas estrategias productivas que no sólo sean rentables y sostenibles, sino que el consumidor lo perciba así.

En esta misma línea, comienza a preveerse que la demanda de alimentos "sin granja" pueda coger fuerza: carne in vitro, leche sintética, impresión 3D de productos de alimentación y por supuesto, la consolidación en el mercado de sustitutos de la carne animal de calidad, nutritivos y sabrosos, que se han convertido en el competidor idóneo a muchos de los productos cárnicos tradicionales.

Si a todo ello sumamos que el pensamiento se globaliza, pero el consumo se localiza, estaremos ante una filosofía kilómetro 0 que procura por todos los medios que el impacto de la crianza, producción y comercialización no vaya en detrimento de la sostenibilidad. Por todo ello, el consumidor se afianza en demandar productos seguros, éticos y naturales, con una transparencia total por parte de las marcas, que tienen la oportunidad de abanderarse en honestidad y con un etiquetado estratégico: identificación de ingredientes en su origen y procedencia, trazabilidad y capacidad de reacción de las autoridades frente a alertas alimentarias, pero controlando la sobreinformación, es el llamado Clean Label 2.0.

Tras la sombra de la crisis, que se espera vaya esclareciéndose, ha permanecido entre la población una clara tendencia brandlessness: la nueva era de las marcas blancas, que han pasado de ser la opción económica que sustituía a la marca de referencia, a representar un escuadrón de productos de calidad premium a un precio asequible, al más puro estilo millenial con diseños minimalistas, atractivo, variedad de gama y altos niveles de innovación.

"Se hace tan necesaria la inversión de los fabricantes y las marcas en nuevas estrategias productivas que no sólo sean rentables y sostenibles, sino que el consumidor lo perciba así"

No hay que olvidar, asimismo, que el ritmo frenético de vida y las estresantes rutinas del día a día a veces podrían parecer incompatibles con una alimentación óptima. Es por ello que coge fuerza la nutrición personalizada y no tanto las dietas, sino las pautas alimentarias adaptadas a cada perfil de vida, al autocuidado de la salud (incluyendo la emocional) y a las necesidades fisiológicas de cada persona en particular.

La consecuencia es que están surgiendo nuevos modelos de compra en productos de alimentación; con la revolución virtual del e-commerce casi se ha trascendido al tiempo y al espacio, de alguna forma obligando a grandes y medianas superficies a sumarse a la corriente de venta online. Además de ello, los consumidores comienzan a demandar una gestión del punto de venta que apele a la sencillez y a la comodidad, con secciones organizadas por ingredientes para conformar una elaboración culinaria o gestando ideas como los kits para planificar comidas para familias completas con recetas incluidas. En general, se hace necesario que empresas y minoristas se nutran de la tecnología actual para establecer nuevos niveles de respuesta y eficiencia, ahorrando al consumidor tiempo, esfuerzo y energía, favoreciendo compras ágiles y asequibles, a través, por ejemplo, de la personalización de listas de la compra en aplicaciones móviles, máquinas expendedoras inteligentes o comandos de voz que faciliten la comprensión de las demandas.

En cuanto a la percepción del consumidor para los lanzamientos innovadores, las redes sociales se han convertido en la ventana indiscreta para brindar al mundo un cúmulo de sensaciones sintetizadas en una imagen o un vídeo instantáneo, y es ahora donde el resto de los sentidos empiezan a compartir protagonismo con la vista: las texturas esponjosas y fluentes, humeantes y fragantes preparaciones casi atraviesan las pantallas de los dispositivos de última generación para transportarnos a un momento y en consecuencia, a un estímulo. Todo ello ha forzado a los fabricantes a mutar las percepciones que de sus productos se tiene, haciéndolos más llamativos, más coloridos y en general, más excitantes que nunca.

"Comienza a preveerse que la demanda de alimentos "sin granja" pueda coger fuerza: carne in vitro, leche sintética, impresión 3D de productos de alimentación y por supuesto, la consolidación en el mercado de sustitutos de la carne animal de calidad, nutritivos y sabrosos"

Y es que siempre se nos ha dicho que la belleza está en el interior, y ya es vox populi aceptado por todos, sin embargo, la importancia del primer impacto visual que nos produce algo que nos atrae, nos conduce al interés de conocer el interior, algo que de otra manera, quizás no hubiera sido así.

Esta idea nos da a entender la importancia que tiene el packaging que ya se ha convertido en una trascendente decisión que tiene que tomar una empresa para mostrarnos lo atractivo de su producto. Como ejemplo, en su máximo exponente, la compañía de agua con gas Perrier, crea la exclusiva edición Perrier X Wild creada por el artista cubano, Juan Travieso, donde con un diseño artístico, colorido y vibrante, en un envase de lata delgada (una opción bastante inusual para el agua con gas), ha querido evidenciar que quiere ser el contrincante saludable de las bebidas energéticas, toda una declaración de intenciones.

"Los consumidores comienzan a demandar una gestión del punto de venta que apele a la sencillez y a la comodidad, con secciones organizadas por ingredientes para conformar una elaboración culinaria o gestando ideas como los kits para planificar comidas para familias completas con recetas incluidas"

Las tendencias de packaging en 2018, según un reciente estudio de Mintel, vendrán de la mano de la reacción emocional, sostenibilidad, y la optimización del envasado:

- Realización de un envasado que active una reacción emocional en el consumidor, incrementando el deseo de compra a través del neurodesign, cuyo objetivo es identificar e integrar parámetros emocionales en el diseño, desarrollo y puesta en el mercado de productos y servicios de alto valor añadido.

- Por otro lado, Amazon líder mundial del comercio on-line, prestará especial atención en unificar las compras que realice un solo usuario, reduciendo el número de envoltorios y dándole un mayor protagonismo al producto en sí.

 

- Envases que conserven mejor la frescura de los alimentos en su versión más conveniente de "usar y tirar", creando una nueva concienciación que evite el desperdicio de alimentos y envoltorios.

- Una nueva estrategia de las compañías en 2018 será rescatar envases de nuestros mares y océanos para darles una nueva reutilización, es el llamado eco-friendly packaging, al actual hilo de la economía circular.

En definitiva, aquella industria alimentaria que quiera mantenerse o ubicarse en dichas tendencias, se verán en la necesidad de iniciar y mantener procesos continuos de innovación, ya sea internamente o mediante agentes externos, dando como resultado la adaptación de sus productos y mercado a las nuevas dinámicas actuales.