El consumo vive una efervescencia de profundos cambios. Los smartphones han abierto un punto de venta en nuestro bolsillo y en él compiten grandes gigantes globales como Alibaba, que sin una sola tienda fuera de China se ha convertido en el principal operador del retail mundial. La renombrada transformación digital va más allá de poder comprar por internet. Implica un cambio en los modelos de negocio, una relación más próxima con el cliente, espacios de venta diferentes y la emergencia de perfiles profesionales distintos. El British Retail Consortium prevé que sólo en Reino Unido 900.000 empleados del sector se verán afectados por este cambio en los próximos diez años.

El peso de la coyuntura, del día a día, hace perder de vista las grandes corrientes estructurales. Y el momento actual llama precisamente a no postponer en el tiempo las oportunidades y desafíos de nuestra era digital. Los grandes formatos comerciales avanzaron en el último ejercicio un 4,1%, un punto por encima del sector. Mientras que el empleo en el comercio encadena 24 meses creciendo por encima del 2%.

Pese a las sombras que la incertidumbre política pueda arrojar en la confianza, el escenario central es más favorable para el consumo de los hogares que en años atrás, gracias al avance del empleo y la moderación de los precios. En este punto ¿qué puede frenar el crecimiento de las empresas? 

"Una competencia sana y dinámica será la mejor noticia para los consumidores. Nuestras empresas están en disposición de dar la batalla en este nuevo entorno"

Según un informe reciente de EY, seis de cada diez compañías en España considera que el exceso de regulación, los cambios permanentes, la falta de eficiencia de los procedimientos administrativos o la inseguridad jurídica generan incertidumbre.

En el caso concreto del comercio, la Comisión Europea ha señalado que España mantiene una de las diez legislaciones más restrictivas de la UE. En concreto, lamenta que la modernización del sector minorista esté "condicionada" por la acción de gobiernos autonómicos y locales.

Por citar algunos casos recientes, Mallorca ha impuesto una moratoria de tres años para nuevas tiendas; Cantabria cerró el comercio todos los domingos durante la pasada campaña de Navidad; la cuarta ciudad más turística de España, Alicante, ha establecido el cierre total de persianas en festivos; mientras que CCAA como Cataluña, Aragón y Asturias mantienen impuestos discriminatorios sobre los grandes formatos comerciales.

Mientras que algunas Administraciones se empecinan en levantar barreras a las empresas, Madrid, que liberalizó sus horarios comerciales en 2012, ha generado 23.900 nuevos ocupados en el comercio, o lo que es lo mismo, el 48% de todo el empleo comercial en España.
Fragmentar nuestro mercado en 17 más pequeños choca de bruces contra la estrategia de la Comisión Europea por impulsar el mercado único para el comercio electrónico. Todavía hay políticos empecinados en obligar a cerrar una tienda un domingo o frenar la instalación de un híper en su ciudad, mientras gigantes como Amazon facilitan desde su marketplace que un operador desde cualquier rincón de Europa coloque un producto en la puerta del consumidor en 48 horas.

Los consumidores hoy nos piden ser flexibles, innovadores y comprometidos con nuestro entorno. Las administraciones pueden ayudar a acelerar este cambio en las empresas, con una legislación estable y no discriminatoria o, por el contrario, generar cuellos de botella perniciosos para la actividad y el empleo. Una competencia sana y dinámica será la mejor noticia para los consumidores. Nuestras empresas están en disposición de dar la batalla en este nuevo entorno.