La política arancelaria impuesta por Trump es absolutamente 'anticomercial'. Se escuda en el crecimiento de la economía norteamericana en detrimento de los acuerdos comerciales mantenidos hasta ahora. Pero eso no está basado en la realidad. Está excusada en un patriotismo comercial populista que le va a traer muchos más perjuicios que beneficios.

El primer cliente de Estados Unidos es Europa y viceversa. Romper ese comercio, o ponerle trabas, es lamentablemente algo muy malo a corto y largo plazo. Supone que si el cliente, en este caso Europa, no genera ventas tampoco generará ingresos, con lo que no podrá comprar a Estados Unidos, y Norteamérica, que ha impuesto las trabas arancelarias, verá las consecuencias negativas de dicha imposición, ya que no tendrá a quien vender. La consecuencia final es que tampoco generará riqueza, lo que impactará negativamente en el PIB de Estados Unidos y en su crecimiento. El país americano se estancará e irá cayendo paulatinamente.

De hecho, las consecuencias ya están ocurriendo: Europa busca otras naciones con las cuales establecer tratados de libre comercio. Se han cerrado varios acuerdos comerciales, y se están gestionando varios más. Asia, y China en particular, representan un mercado cada vez más atractivo para Europa a medida que Estados Unidos se va aislando económicamente. China se ha convertido en la potencia económica número 1 del mundo, y la actitud de Trump no hará otra cosa que fortalecer dicha posición, convirtiendo a China en el mayor proveedor de todos los países del mundo. Para evitar ser económicamente dependientes de China o los EEUU, la Unión Europea tendrá que diversificar sus relaciones comerciales con varios países.

El gran problema es que no todos los sectores de la economía europea se verán favorecidos por estas medidas para mitigar los efectos de las trabas de Trump. Consideremos por ejemplo el caso de los fabricantes de alimentos. La política arancelaria instaurada hace imposible mantener los contratos existentes, y a eso debemos añadir las penalizaciones que las empresas tendrán que pagar a sus clientes por no servir la mercancía a tiempo. Y, por otro lado, no será tan fácil para estas empresas insertarse en los nuevos mercados, empezando desde cero, e iniciando el complicado proceso de convertirse en proveedor mientras sufren pérdidas. Aunque es complicado, no quiere decir que sea imposible. De hecho, es muy recomendable. Hoy, el que no arriesga y sufre, a la larga muere.

"Para evitar ser económicamente dependientes de China o los EEUU, la Unión Europea tendrá que diversificar sus relaciones comerciales con varios países"

Además, para más complicación, China no es un país fuerte en la exportación ni importación de alimentos. Su producción alimenticia está muy orientada al autoabastecimiento por una cuestión cultural. Los chinos, aunque se abren poco a poco a probar nuevos platos, prefieren su propia comida, mientras que la mayoría de los otros países, especialmente los países occidentales, no están muy interesados en la gastronomía china. Es un simple caso de costumbres y hábitos de consumo. Sólo a muy largo plazo y a medida que cambien las costumbres y se internacionalice el gigante asiático, las empresas españolas y europeas exportadoras verán resultados.

Con los consumibles no alimenticios, como la ropa, 'la China exportadora' saldrá favorecida. Obviamente, dicha mercancía no entrará en EEUU, pero sí será vendida al resto de países, causando que los demás estados continúen comprando, fabricando o empiecen a hacerlo en China gracias al establecimiento de relaciones habituales. Al final, esto facilitará el comercio más generalizado entre empresas europeas y chinas, con lo que los españoles nos veremos beneficiados. Pese a que la Unión Europea no se fía del todo de China y sus intenciones, es muy probable que el comercio entre estos dos bloques termine sobrepasando el comercio entre la UE y EEUU por puro interés mutuo.

Por lo general, los países orientales no buscan realmente el sistema de vida capitalista en su sentido estricto, sino el estilo de vida 'americano' que ven en las películas: el de llevar zapatillas Nike, jugar al baloncesto y beber Coca-Cola. Estados Unidos está ignorando esto, y va a generar un rechazo que revertirá en sus propias empresas. Y ahora más que nunca, especialmente teniendo en cuenta la doble moral de que todas las grandes marcas estadounidenses que fabrican sus productos o sus componentes en China, y que dependen de los costes bajos de producción para proporcionar productos más asequibles.

Hay que remarcar que los tratados de libre comercio nos han ayudado significativamente con los desafíos. Por ejemplo, el reciente acuerdo entre la UE y Japón elimina los aranceles de más del 90% de las exportaciones de la UE a Japón. En el caso de Masaltos.com, nos ha permitido reducir el precio de nuestro producto hasta en un 25%, pudiendo así competir mejor a nivel local. Estimamos que las ventas en Japón se duplicarán una vez que desaparezcan completamente las tarifas.

Son acuerdos como estos los que nos motivan a buscar otros mercados cuando uno nos limita tanto como el de Trump. Se trata de aplicar el clásico 'acción-reacción'. La UE no se va a quedar de brazos cruzados y resignarse ante estos aranceles. Al igual que con Japón, está persiguiendo acuerdos con Mercosur (compuesto por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), México, Chile, Singapur, Vietnam, Australia y Nueva Zelanda, Canadá y el Reino Unido, entre otros.

La conclusión es que mirar hacia estos otros países, especialmente los de Asia, será fundamental para los emprendedores europeos. Los gobernantes deben gestar nuevos y beneficiosos acuerdos, que para eso les pagamos el sueldo. Qué los norteamericanos continúen por su camino, que Asia va a ser nuestra solución.