Opinión

“Fechas dinámicas, la clave para un menor desperdicio alimentario”

​La opinión de José Velázquez, director general de Iberia de Infor
INFOR 2306 RWEB (7)
José Velázquez es director general de Iberia de Infor.

Según el Índice de Desperdicio Alimentario del Programa de Medioambiente de Naciones Unidas, cada año se desperdician más de 900 millones de toneladas de comida, un 60% de las cuales en los hogares. Además, como responsable del 24% de las emisiones de gases de efecto invernadero el sistema alimentario global es uno de los mayores contribuyentes al cambio climático, lo que hace que esta cifra sea aún más difícil de digerir.

“Algunos supermercados ya están experimentando con ‘estanterías inteligentes’, que reducen el precio de los productos del lineal en orden decreciente según las fechas de caducidad y de consumo preferente”

Este acuciante problema no pasa desapercibido, y existen numerosas iniciativas institucionales y de cada vez más empresas para reducir el desperdicio en todo el mundo, muchas de los cuales están relacionadas con las fechas de caducidad y de consumo preferente. Porque una de las áreas fundamentales que se debe abordar es, precisamente, la confusión de los consumidores sobre el etiquetado de fechas de los productos. La Comisión Europea estima que hasta el 10% de las 88 millones de toneladas de desperdicio alimentario generadas cada año en la UE está relacionado con el marketing en cuanto a las fechas.

Por ejemplo, en Reino Unido, un estudio de la organización sin ánimo de lucro británica WRAP concluyó que alrededor del 60% del desperdicio alimentario doméstico en este país, por un valor de 6.700 millones de libras, era debido a productos no consumidos “a tiempo”. Peor aún: alrededor del 30% de estos alimentos que acabó en la basura por haber cumplido la fecha de caducidad probablemente podría haber sido utilizado si, en su lugar, hubiera llevado una etiqueta de “consumo preferente”. En Estados Unidos, por su parte, se desperdicia entre el 30-40% de todos los alimentos cada año, una cifra de la que también se podría culpar en parte a la multitud de denominaciones de etiquetado vigentes en el país (fecha de caducidad, uso preferente, fecha de venta, mejor si se consume antes de… y un largo etcétera).

“La granularidad y visibilidad de la información en toda la cadena de suministro trae consigo beneficios adicionales también para los fabricantes”

Así, la educación del consumidor es fundamental para la reducción del desperdicio alimentario. Es necesario crear conciencia sobre cómo las fechas de consumo preferentes no son lo mismo que las fechas de caducidad, e implementar estándares de etiquetado consistentes siempre que sea posible. También sería interesante ofrecer más información, por ejemplo, sobre la temperatura recomendada –apenas un grado de más en la temperatura del frigorífico puede quitarle todo un día de vida a algunos productos-.

Estanterías inteligentes y fechas dinámicas

La industria puede tomar medidas proactivas para allanar el camino y conseguir un descenso considerable en el desperdicio alimentario. Algunos supermercados ya están experimentando con ‘estanterías inteligentes’, que reducen el precio de los productos del lineal en orden decreciente según las fechas de caducidad y de consumo preferente. Esta tecnología tiene el potencial de llegar también a los hogares, con frigoríficos inteligentes que alertan al usuario cuando un producto está a punto de caducar.

De un modo similar, el concepto de “vigencia” de los productos consiste en ajustar ese tiempo según la calidad real del producto, algo muy interesante tanto para fabricantes como para minoristas y consumidores. Es aquí donde los fabricantes de alimentos, situados en el corazón de la industria alimentaria, pueden liderar la tendencia aprovechando al máximo la información y la tecnología disponibles para optimizar de ese tiempo de vida y marcar así la diferencia. Son muchas las variables que entran en juego aquí, incluyendo de qué está hecho el producto, cómo y cuándo fue fabricado, cómo es el transporte y, también, cómo será tratado una vez que llegue al consumidor. Teniendo en cuenta toda la información disponible, los fabricantes determinan la fecha de caducidad o de consumo preferente. Y casi siempre, para evitar potenciales riesgos sanitarios, esta tiende a ser conservadora.

Pero esta tendencia hacia la precaución, aunque entendible, puede también contribuir al desperdicio. Se trata de un problema que la tecnología adecuada puede ayudar a paliar.

“La tecnología adecuada es la clave que puede ayudar a los fabricantes de alimentos a reducir el desperdicio alimentario”

Cuando hablamos de este tiempo de vida, está claro que lo mismo no vale para todos, especialmente si hablamos de alimentos perecederos, pero también teniendo en cuenta que la calidad de un mismo producto puede variar enormemente de un lote a otro. Por eso, la aplicación de la Inteligencia artificial y el machine learning pueden ayudar a los fabricantes a tener en cuenta las diferentes variables en todas las etapas de la cadena de valor -desde la granja al tenedor- y permitirles establecer una fecha dinámica para cada producto.

En la práctica, esto implica la monitorización de las condiciones tanto de los ingredientes como del producto terminado, teniendo en cuenta el tiempo de almacenamiento y transporte y las condiciones de antes, durante y después de producción, así como el perfil de calidad de las materias primas y la información de qué le sucede al producto una vez que llega al minorista. Los dispositivos IoT son perfectos para esto, ya que pueden medir estas variables y enviar la información crucial a un sistema de analítica. De este modo es posible determinar si la fecha de caducidad o de consumo preferente están alineadas con los atributos específicos de calidad de un lote de productos.

La granularidad y visibilidad de la información en toda la cadena de suministro trae consigo beneficios adicionales también para los fabricantes. Las soluciones apropiadas pueden ofrecer la información que se necesita para una mejor planificación y para tomar decisiones relativas al aprovisionamiento. Por ejemplo, saber qué ingredientes se van a recibir permite a los fabricantes cambiar dinámicamente la receta de un producto para compensar carencias en la calidad o características de alguno de los ingredientes. Del mismo modo, podrían buscar proveedores alternativos de ingredientes si alguno de los habituales se queda sin existencias; o cambiar a un medio de transporte diferente si el actual hace que la vida del producto en el lineal se reduzca.

Emplear estas tácticas puede tener también un beneficio en costes. Por ejemplo, aunque unos ingredientes de mayor calidad ofrecen generalmente un mayor tiempo de vida, tal vez no merezca la pena pagar más por ellos si el producto final solo tendrá una duración limitada.

En resumen: la tecnología adecuada es la clave que puede ayudar a los fabricantes de alimentos a reducir el desperdicio alimentario. Muchas empresas innovadoras están ya trabajando en este sentido, usando la información y las herramientas disponibles para mejorar sus prácticas en lo que se refiere al etiquetado e implantando un modelo de fechas dinámicas en los productos alimenticios. Es un modelo que representa un esfuerzo común de la industria alimentaria para encontrar una solución a este reto, uno de los retos más acuciantes a los que nos enfrentamos hoy todos nosotros.

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