AMDPress.- La fabricante de etiquetas de papel y trabajos de artes gráficas Imprenta Moderna de Logroño, SA (Imsa), de Logroño (La Rioja), tiene avanzados los estudios con vistas a entrar definitivamente en la fabricación de etiquetas en autoadhesivo, un segmento en el que ahora apenas tiene producción. Para ello está ponderando las dos opciones de hacerlo comprando maquinaria o comprando directamente una empresa ya situada en el mercado.

En sus estudios y prospecciones se manejan cuestiones como los posibles nichos de mercado, el tipo de tecnología a incorporar, el tipo de impresión (previsiblemente será offset), el hecho de que necesariamente haya que pensar en tiradas cortas, frente al encolable que alcanza las 80.000 unidades a la hora, los problemas del adhesivo en las etiquetas totalmente envolventes, y la constatación de que, en los últimos años, en torno al 40% de las empresa que trabajan etiqueta autoadhesiva estén perdiendo dinero con este producto.

Imsa dispone de unas instalaciones de 4.900 metros cuadrados construidos, emplea a 82 personas y sus ventas en 2002 fueron de 8,5 millones, casi un 20% más que en 2001, con una producción de etiquetas que llegó a los 1.800 millones de unidades, encolable en su práctica totalidad, frente a los 1.600 millones de 2001. En estas ventas se incluye la actividad de artes gráficas y edición de folletos, iniciada en 2000 y que ya supone en torno al 15% del total facturado.

Dirige su producción hacia los mercados de aguas envasadas, en el que sitúa su cuota en un 33% a escala nacional, además de vinos y licores, conservas vegetales y otros sectores.

Imsa opera desde diciembre de 2000 dentro del Grupo TF, encabezado por TF Artes Gráficas, SA, una sociedad integrada por tres imprentas, una editorial, una firma de pre-impresión, otra digital y otra de internet, las cuales globalmente representan un volumen de negocio de unos 40 millones de euros. Entre las previsiones de esta empresa también se incluye la posibilidad de abordar el segmento de sleeve, pero éste en no menos de cuatro años, dado que aún es un sistema caro, que se imprime en hueco (también caro), y aún no ha desarrollado suficiente demanda que justifique el cambio de equipos (una inversión fuerte).