El pasado mes de diciembre entró en vigor el nuevo Reglamento 1169/2011 europeo sobre la información alimentaria facilitada al consumidor. En él, se establecen nuevas normas referentes a la información sobre las propiedades nutritivas de los alimentos envasados. Un aspecto, este, ciertamente relevante para el consumidor, ya que constituye la mejor ayuda para su toma de decisiones durante la compra, ya que adquiere todo el conocimiento de causa. 

Entendiendo por información las indicaciones, marcas de fábrica y signos relacionados con un alimento que figuran en un envase, sea cual sea su formato, su objetivo debe ser siempre ofrecer una información clara y veraz al consumidor, así como ser fácilmente legible e inteligible. Atendiendo a esta idea, por ejemplo, será más conveniente utilizar el término sal en lugar de sodio.

El nuevo reglamento, que pretende velar también por el derecho de los alérgicos al consumo seguro, dedica un apartado al etiquetado específico que deben tener aquellos alimentos con determinadas sustancias o productos alérgenos, o que son susceptibles de causar intolerancias. Así, la normativa lista los alérgenos de obligada declaración, y fuerza a los productores a detallar claramente el origen y la composición de cada alimento preparado.

Los directivos verán necesario afrontar el adiestramiento especializado de todo el personal, basado en un profundo conocimiento sobre el listado de alérgenos existentes

Ateniéndonos a estas imposiciones, se hace imprescindible concienciar a los responsables de las empresas alimenticias sobre la importancia de una ley cuyo incumplimiento está penado con fuertes multas, o amenaza de cierre en caso de incidente grave. De hecho, tal es su relevancia, que debe integrarse como un procedimiento preventivo más dentro del Análisis de Peligros y Puntos de Control Críticos (APPCC) establecido por el gobierno europeo.

Solo tomando conciencia de esta problemática, los directivos verán necesario afrontar el adiestramiento especializado de todo el personal, basado en un profundo conocimiento sobre el listado de alérgenos existentes; las mejores prácticas en la manipulación, para evitar una contaminación involuntaria, así como la clara y correcta información a los consumidores sobre la presencia de alérgenos en la composición de los productos que ofrecen. Las empresas del sector disponen, para ello, de completos programas de formación con los que aquellos trabajadores en contacto con alimentos aumentarán sus conocimientos sobre los procedimientos marcados en el plan de riesgos para el control de alérgenos, con el fin de asegurar una protección blindada y continuada, y garantizar la buena reputación de su empresa

Porque en el caso del control de alérgenos e intolerancias alimentarias, la información específica sobre la composición de cada producto es crucial para garantizar la máxima seguridad al consumidor. Todo el personal debe ser consciente de que cualquier error, interpretación equivocada de la composición, almacenamiento deficiente o servicio equivocado puede provocar una reacción grave en una persona alérgica. Una formación adecuada y una elevada concienciación en el desempeño de la tarea de cada miembro del personal, evitarán que se produzca cualquier contaminación involuntaria capaz de desencadenar esta circunstancia tan severa.

Por tanto, tras este recrudecimiento en los controles administrativos, se torna primordial que los productores alimentarios implementen en el seno de su compañía programas de formación, online o presenciales, sobre la existencia de los alérgenos y su correcta prescripción en el etiquetado. En ellos, el personal involucrado adquirirá los conocimientos básicos sobre la obligatoriedad de la información que debe incluir cada producto –valor energético, grasas, grasas saturadas, hidratos de carbono, azúcares, proteínas y sal, así como su señalización -por 100 g o por 100 ml-, legibilidad e interpretación. Con ello lograrán reforzar su compromiso con la sociedad, demostrando que cumplen con la normativa y evitando cualquier responsabilidad penal por la presencia no declarada de un alérgeno en cualquiera de los productos que comercializan.