Según la última guía sobre la Resiliencia Organizacional, BS 65000, que fue desarrollada por la industria y respaldada por los gobiernos para fortalecer las organizaciones y crear resiliencia en las economías, "La Resiliencia Organizacional es la capacidad de una organización para anticiparse, prepararse, responder y adaptarse a los crecientes cambios y a las repentinas interrupciones para poder sobrevivir y prosperar". En relación a esto, BSI ha llevado a cabo una investigación que destapa que un liderazgo fuerte y la capacidad de adaptación son las claves de la Resiliencia Organizacional en la industria alimentaria, y ha identificado 16 elementos fundamentales que influyen en dicho término, desde los aspectos financieros hasta el compromiso con la sociedad.

Mediante una estructura en forma de árbol, BSI muestra como algunos elementos están "por encima del suelo" y la mayoría de las organizaciones los gestionan mejor porque son más visibles y, por lo tanto, reciben más atención de la administración. Los ejemplos se refieren a los productos, especificaciones de los productos, el proceso, calidad, salud y seguridad, medio ambiente; la gobernanza y la responsabilidad, el liderazgo, la visión y el propósito, la estrategia, los recursos y los aspectos financieros.

En el sector de la alimentación, los directivos consideran que su mejor rendimiento es en el ámbito de la gobernanza y la responsabilidad, seguido de la gestión de proveedores

Mientras tanto, los elementos menos visibles, situados bajo tierra, son más difíciles de gestionar porque son más complejos, menos tangibles y atraen menos la atención. Éstos se relacionan normalmente con la cultura de las personas y el comportamiento empresarial e incluyen las actitudes, la comunicación y la ética empresarial. Por lo general, BSI señala a la cadena de suministro, la innovación, el análisis del entorno y la seguridad de la información, como los elementos dominantes de este espacio.

Sin embargo, durante los últimos tres años, BSI ha dado un paso más, examinando las repercusiones de estos elementos fundamentales de la resiliencia en las organizaciones, así como su percepción sobre su rendimiento en ellas, y publicando las conclusiones en su Índice de Resiliencia Organizacional, en base a encuestas anuales a directivos de empresas de todo el mundo.

En este sentido, las organizaciones de alimentación pueden beneficiarse de un análisis más profundo de su resiliencia de dos maneras: en primer lugar, viendo en qué elementos fundamentales rinden relativamente bien o relativamente mal; en segundo lugar, considerando qué elementos tienen más impacto en su negocio, y cuáles menos. Y es que, en el sector de la alimentación, los directivos consideran que su mejor rendimiento es en el ámbito de la gobernanza y la responsabilidad.

Asimismo, la Gestión de Proveedores es la segunda área de mayor rendimiento, dado que se trata de una actividad tan vital para los fabricantes y minoristas de alimentos, y en ella se concentran grandes recursos. En contraposición, el peor rendimiento se observa en la innovación, seguida de cerca por la sensibilización y la formación, y el análisis del entorno, todos ellos elementos de negocio menos visibles, a los que se presta menos atención en la gestión, pero que, por lo tanto, presentan riesgos.

Desde BSI consideran evidente que la pandemia de coronavirus ha ejercido una fuerte presión sobre los fabricantes de alimentos, los mayoristas, las empresas de logística y los minoristas para que repongan las estanterías de los supermercados que han sido vaciadas por los ansiosos consumidores. En favor de sus directivos, ha habido un amplio reconocimiento por el éxito del sector a la hora de afrontar los desafíos recientes.

Por último, la investigación demuestra que entre los elementos que se considera que tienen un impacto relativamente bajo se encuentran la continuidad de negocio y el compromiso con la sociedad, pero ambos pueden encontrarse en un nivel más alto en el futuro, sobre todo debido a los acontecimientos recientes.