Francia ha sido el primer país de todo el mundo que ha prohibido a los supermercados que tiren o destruyan los alimentos que no se han vendido. De este modo, el gobierno del país vecino aprieta a las grandes superficies a que donen estos productos a organizaciones benéficas y a los bancos de alimentos.

Gracias a esta nueva ley, aprobada por unanimidad en el Senado francés, los responsables de los supermercados, de superficies de más de 400 m2, podrán ser multados con 75.000 euros o dos años de cárcel si no cumplen la norma. Los bancos de alimentos y las organizaciones benéficas, por su parte, están obligados a recoger y almacenar los alimentos en condiciones higiénicas y distribuirlos adecuadamente.

El desperdicio de alimentos se ha convertido en un problema global. Sólo en Francia se tiran siete millones de toneladas de alimentos, de los cuales un 67% es por parte de los propios consumidores y el resto de restaurantes y supermercados. A nivel europeo, el mismo estudio señala que 89 millones de toneladas de alimentos se tiran en la UE. En todo el mundo se calcula que entre un 30% y un 50% de los alimentos producidos nunca llegan a ser consumidos.