La Federación Española de Hostelería (Fehr) se ha pronunciado en contra de la imposición del uso de aceiteras irrellenables en hostelería, tal como aprobó el Consejo de Ministros el pasado 15 de noviembre a propuesta del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

El Real Decreto 895/2013, de 15 de noviembre, por el que se modifica el 1431/2003 de 21 de noviembre, refleja el importante papel de la hostelería "que ha venido contribuyendo a poner en valor y acercar el aceite de oliva español a sus clientes". A pesar de este reconocimiento para el sector la nueva normativa establece que "en los establecimientos del sector de hostelería los aceites se pondrán a disposición del consumidor final en envases etiquetados y provistos de un sistema de apertura que pierda su integridad tras su primera utilización". Asimismo, recoge "que los envases que por su capacidad se puedan poner a disposición de los consumidores finales más de una vez, dispondrán además de un sistema de protección que impida su reutilización una vez agotado su contenido original". 

Desde Fehr se considera que esta prohibición tendrá una serie de consecuencias para el sector, tales como temor ante el hecho de que los nuevos formatos supongan un incremento de los precios del aceite de oliva; y que no se toman en consideración los aspectos medioambientales, ya que la medida producirá un incremento del volumen de envases, plásticos y vidrios, que no tiene justificación práctica y de gran impacto medioambiental. Además, no se ha realizado estudio de las nuevas necesidades logísticas, de ubicación del producto y de espacio que harán que el aceite pueda desaparecer de muchas ubicaciones y ser sustituido por condimentos y aliños diferentes, más cómodos, sencillos, económicos y no sujetos a normativas tan estrictas como la que se pretende imponer al aceite de oliva; y no se ha valorado el impacto de desplazamiento de la demanda que producirá una multiplicación de entre cinco y siete veces el precio del producto.

Tampoco se ha valorado el desperdicio alimentario que producirán unos envases, por ejemplo de 20 cl, que en casi ningún caso se agotan en el uso monodosis y que sin embargo se convierte en residuo y por tanto derroche alimentario (incompatible con criterios de racionalidad en base a la estrategia de reducción de desperdicio alimentario); y se produce un perjuicio de pérdida de personalización de los establecimientos, no pudiendo utilizar sus propios dispensadores. Además, se rechaza de plano la asociación de aceitera rellenable con la de envase de poca calidad o producto de mala calidad.