La harina de trigo se ha convertido en un básico de la cesta de la compra. En 2020 su consumo creció un 200% respecto al año anterior. Los cambios en nuestros hábitos diarios provocados por la pandemia convirtieron a muchas personas en verdaderas especialistas en este ingrediente fundamental.

Nomen quiere dar respuesta a los consumidores ante esta demanda. Para ello acaba de presentar su gama de harinas de trigo con cinco referencias. A las preexistentes tradicional e integral se le suman ahora tres nuevas: repostería, fuerza y ecológica.

La harina de repostería es la más indicada para la elaboración de recetas caseras de pasteles y tartas, una actividad que fue frenética durante los primeros meses de la pandemia. Tiene en torno a 9 gramos de proteína por 100 gramos de harina. Es lo que viene a llamarse una harina floja. La diferencia con respecto a la harina normal es que es más blanca y ligera.

Las otras dos novedades son Fuerza y Ecológica. La primera está hecha a partir de las variedades de trigo común con mayor contenido en gluten, una proteína elástica que es la que hace que las masas no pierdan su forma y que retengan mejor el gas de la fermentación. Por otro lado, la harina de trigo ecológica está elaborada a partir de cereales cultivados y obtenidos mediante la agricultura orgánica. Sería muy indicada para panes, repostería y rebozados.

Las otras dos harinas de trigo que Nomen ya venía produciendo son, por un lado, la tradicional, que es la más común en la cocina, se usa para elaborar masas tanto dulces como saladas y es muy útil para rebozar carnes y pescados y, sobre todo, para preparar pan. Y, por otro lado, la integral, que al contener la piel y la vaina, aporta una mayor cantidad de nutrientes. La integral también posee una mayor proporción de lípidos, especialmente ácidos grasos poliinsaturados, que se encuentran sobre todo en el germen. Por eso, los panes integrales aportan vitamina E, fibra y minerales como potasio, magnesio, hierro y zinc.