En los últimos meses, hemos sido testigos de cómo se han incrementado las compras online. El auge del ecommerce es innegable, pero lo que no está tan claro es el impacto que tendrá este último año en los negocios tradicionales a largo plazo, dado que el “nuevo” comportamiento de los consumidores se ha convertido en lo normal.

La salud, la higiene y el distanciamiento social, junto al auge y la practicidad del ecommerce, seguirán siendo aspectos a los que los consumidores se enfrentarán con cierta cautela, por lo menos a medio plazo. Sin embargo, tras los confinamientos producidos en toda Europa, los retailers han sabido adaptarse a las nuevas dinámicas: recogidas en el local e incluso el uso de las tiendas físicas como centros de distribución a pequeña escala.

Uno de los mayores retos al principio de la pandemia, cuando las tiendas tuvieron que cerrar sus puertas, fue la problemática del stock: el confinamiento provocó que un gran volumen de existencias quedase atrapado en los locales, sin poder venderse ni reintroducirse en la cadena de suministro para el ecommerce. Cuando las tiendas volvieron a abrir, estas existencias tuvieron que venderse a precios de saldo o, en algunos casos, se destinaron a la venta online, algo que benefició a los bolsillos de los consumidores, pero perjudicó las cuentas de los retailers.

“¿Es realmente necesario tener existencias en las tiendas?”

Si miramos hacia el futuro, la idea de tener un menor volumen de existencias en las tiendas garantizaría que los retailers evitaran esta situación de nuevo. Por lo tanto, ¿es realmente necesario tener existencias en las tiendas?

Por ejemplo, si hablamos del sector alimentario, hemos comprobado que hacer la compra por Internet es cada vez más común en España. Más allá del coronavirus, factores como la falta de tiempo, la comodidad y la rapidez en la entrega se sitúan como motivos de peso que llevan a los clientes a recurrir a nuevos canales. Un claro ejemplo de ello es cuando durante el estado de alarma los ciudadanos españoles, confinados en sus hogares, apenas tuvieron opciones para poder salir. En aquel momento, ir a comprar al supermercado era una de las pocas razones para poder pisar la calle, pero, aun así, hubo muchos que decidieron apostar por la compra online para llenar su despensa. Según el Balance de la distribución española en 2020 de Kantar, durante el confinamiento, los consumidores se decantaban por hacer la compra a través de internet, llegando a alcanzar un 3,1% más. Por otro lado, los datos de este mismo estudio muestran que los consumidores del sector gran consumo van menos a las tiendas físicas y, sin embargo, gastan más en sus compras online. En 2020, la frecuencia de compra en tienda física cae un 2,7% pero el gasto online aumenta un 14,1%. 

En 2020, los retailers se han dado cuenta de que disponer de un stock equivocado influye notablemente en las ventas, la rentabilidad y la experiencia del cliente, así que, ¿por qué no utilizar también lo aprendido en este último año para cambiar el planteamiento tradicional de la tienda física?

“Para que el este sector se recupere y vuelva a crecer en los próximos años, debe cambiar la forma de gestionar y utilizar las tiendas físicas“

La imagen de las tiendas físicas ha ido evolucionando a lo largo de los años, pero la pandemia podría suponer el empujón que necesitan para poner en marcha un nuevo escenario en el que las marcas se replanteen la mejor manera de utilizar sus activos más valiosos: los espacios de sus tiendas más emblemáticas.

En la próxima década, es probable que las marcas busquen reinventar su presencia en las tiendas físicas con el objetivo de ofrecer una experiencia de marca más personal: en lugar de tener tiendas con un gran stock, en un futuro próximo, la idea tradicional de hacer la compra podría cambiar por completo.

El comportamiento de los consumidores ha cambiado en los últimos meses, por lo que los enfoques de la venta en retail y el funcionamiento de la tienda física también deben adaptarse. Antes, la falta de existencias significaba el cierre del negocio, pero puede que mañana no sea así. Aunque suene abstracto, el contexto en el que se mueve el sector del retail hoy en día significa que cuantas menos existencias tenga una tienda, mejor será su situación. Para que el este sector se recupere y vuelva a crecer en los próximos años, debe cambiar la forma de gestionar y utilizar las tiendas físicas.

Teniendo una mayor conciencia de los cambios de comportamiento de los consumidores, estando al día de las últimas aplicaciones tecnológicas para la cadena de suministro y en el punto de venta, y adoptando un punto de vista más innovador sobre las tiendas físicas, los retailers podrán reinventar la experiencia de sus clientes. El futuro es brillante, el futuro puede ser las tiendas sin stock.