Consumidor

La vida sin contacto, uno de los mayores símbolos de la Covid-19

Además, se trata de una realidad que divide a los europeos, según un estudio realizado a en torno 14.200 personas en 15 países europeos
Ocho de cada diez europeos prevén una sociedad dentro de 10 años que dará cada vez más cabida a la tecnología sin contacto.
Ocho de cada diez europeos prevén una sociedad dentro de 10 años que dará cada vez más cabida a la tecnología sin contacto.

Según un estudio del Observatorio Cetelem Consumo Europa 2021 realizado a 14.200 personas en 15 países, para casi la mitad de los europeos(46%), la "vida sin contacto" está simbolizada por la crisis de la Covid-19, por delante del pago sin contacto (37%), las comunicaciones virtuales (35%) o el teletrabajo (33%). Esta percepción es más alta entre los españoles (52%) que, tras la crisis sanitaria, sitúan el teletrabajo en segunda posición (41%) por delante del pago sin contacto (29%).

La vida sin contacto despierta sentimientos encontrados, con un claro predominio de las emociones negativas: casi tres cuartas partes de los europeos (73%) citan al menos un término negativo para describirla, sobre todo la soledad (43%), término citado en primer lugar en todos los países excepto en Hungría. Sin embargo, el 58% de los europeos también utiliza términos positivos como practicidad (20%) y facilidad (17%).

Según el Observatorio Cetelem, los españoles se encuentran entre los países que ven con más dureza la vida sin contacto (80%), siendo los términos negativos más mencionados la soledad (43%) y la tristeza (41%). Sin embargo, el 48% de españoles también utiliza términos positivos como la practicidad o la libertad (14%).

Casi tres cuartas partes de los europeos (73%) creen que las prácticas sin contacto existían antes de la crisis. En cambio, sólo una pequeña mayoría de españoles (56%) apoya esta opinión. Sin embargo, casi cuatro de cada diez europeos (39%) creen que la crisis sanitaria ha acelerado las prácticas sin contacto. La crisis ha jugado incluso un papel revelador para algunos países latinos como España y Portugal.

Uso de la tecnología contactless 

Ocho de cada diez europeos consideran que las prácticas sin contacto forman ya parte de su vida cotidiana. Aunque este sentimiento es bastante compartido, su aceptación puede variar según la zona geográfica. Una gran mayoría (60%) experimenta esta nueva situación como una limitación.

Para el Observatorio Cetelem, España se sitúa por encima de la media, con un 63%. El nivel de aceptación también varía según la edad y el nivel de ingresos: los jóvenes y los hogares con mayores ingresos lo aceptan más fácilmente (45% para los de 18 a 24 años, 46% para los de 25 a 34 años), frente a los mayores y los hogares con ingresos modestos (65% para los de 50 a 64 años, 63% para los de 65 años o más).

Por su parte, el medio ambiente es el principal beneficiario del cambio a un estilo de vida sin contacto (54%), muy por delante de los individuos y la sociedad en general (ambos con un 29%). La seguridad y la salud también se benefician de este gran cambio (44%), mientras que los europeos están mucho menos convencidos de los vínculos familiares (27%) o de las relaciones sentimentales (18%).

Las relaciones humanas siguen siendo el talón de Aquiles de facto de la falta de contacto

Las relaciones humanas siguen siendo el talón de Aquiles de la falta de contacto: tres cuartas partes de los encuestados creen que las degrada. Estos porcentajes son más elevados en los países de Europa Central (entre 6 y 9 puntos en comparación con la media), y más bajos en países del norte de Europa. Entre ambos, se encuentran los países latinos que tienen opiniones más cercanas a la media europea, entre los que se encuentra España con un 78% de menciones. Este distanciamiento es una fuente de insatisfacción, ya que sólo el 44% de los europeos considera que este tipo de relación funciona bien.

Impacto del teletrabajo

El teletrabajo se ha convertido en una práctica habitual para muchos empleados. Y mientras algunos países como Suecia y el Reino Unido tenían esta práctica bien establecida antes de la crisis, otros como España e Italia eran menos partidarios de ella. Por tanto, no es de extrañar que los dos primeros países (79% y 72% respectivamente) estén muy por encima de la media: 67%. Esto es aún más cierto en vista del entusiasmo de España y Portugal (73% para cada uno), donde es más bien una novedad.

Según este Observatorio Cetelem como opción, el 41% de los trabajadores encuestados preferiría un sistema híbrido, es decir, trabajar alternativamente en su lugar de trabajo y desde casa. El 44% de los trabajadores españoles prefiere repartir el trabajo entre la oficina y su casa, el 32% prefiere trabajar únicamente en la oficina y compartir y uno de cada cuatro (24%) prefiere trabajar sólo desde casa.

Formación a distancia

Garantizar la continuidad de las clases, así como alguna forma de cohesión social, en tiempos de confinamiento ha sido uno de los principales retos de 2020.

La experiencia del aprendizaje a distancia es inédita para muchos, pero en general ha sido desigual, ya que menos de uno de cada dos europeos (45%) cree que funciona bien. Suecia, donde esta práctica ya estaba muy extendida, es de nuevo el país más convencido (68%). Los demás países del norte y España le siguen a distancia.

El 45% de los europeos también cree que la telemedicina funciona bien, aunque hay grandes diferencias entre países. Existe una clara división entre los países nórdicos y Francia (53%), que lo ve con buenos ojos, y los países de Europa Central, que son mucho más críticos. Bulgaria, por ejemplo, sólo tiene un 17% de opiniones positivas. Esta práctica podría generalizarse en los próximos años, ya que casi seis de cada diez europeos dicen haberla probado ya o estar tentados de hacerlo. Los españoles están entre los más proclives a esta práctica con un 66% de menciones.

Mañana, ¿nuestra vida sin contacto?

Ocho de cada diez europeos prevén una sociedad dentro de 10 años que dependerá cada vez más de la tecnología sin contacto. Una visión compartida por casi todos, excepto por Rumanía, que está ligeramente por detrás (72%). Pero, ¿es éste un futuro deseable? Entre los aspectos prácticos de la vida sin contacto y las frustraciones sociales que genera, los europeos están más indecisos sobre si quieren que se desarrolle este estilo de vida, con una pequeña mayoría (53%) que se declara a favor. Los más reacios son los rumanos, búlgaros, italianos y franceses (44%, 45%, 45% y 47%). Los españoles son los más positivos (63%), al igual que los británicos (60%).

Los actores de esta sociedad sin contacto en evolución, las empresas y los ciudadanos, cuentan con la confianza de los europeos para apoyar estos nuevos estilos de vida (61% en ambos casos), por delante de las autoridades locales y los poderes públicos (57% y 54% respectivamente).

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