Aecoc ha puesto en marcha por cuarto año consecutivo la campaña de concienciación social sobre el desperdicio alimentario conocida como "La alimentación no tiene desperdicio". En los dos últimos años, las empresas españolas del gran consumo integradas en el proyecto han logrado incrementar en un 6% la cantidad de producto que, tras no ser comercializado, se ha donado a entidades benéficas, pasando del 27% al 32% del total de producto no comercializado apto para el consumo humano.

La iniciativa cuenta con el apoyo de más de 300 empresas fabricantes y distribuidoras del sector del gran consumo, servicios logísticos y transporte, y está coordinada desde Aecoc a través de dos comités de trabajo: El Comité de Prevención, centrado en el desarrollo de buenas prácticas que permitan prevenir y reducir el desperdicio generado a lo largo de los eslabones de la cadena alimentaria; y el Comité de Redistribución, que trabaja para llevar a cabo proyectos de colaboración que ayuden a redistribuir y optimizar los excedentes generados durante todo el proceso. Según la Comisión Europea, del total del desperdicio generado en 2015, el 42% pertenece a los hogares, el 39% a la industria, el 14% a la restauración y el 5% al comercio.

La iniciativa también ha creado el decálogo de buenas prácticas para la prevención y la reducción de los desperdicios alimentarios

En 2016, la iniciativa arranca su cuarto año "con el objetivo de concienciar al consumidor de la problemática creciente que supone el desperdicio alimentario", comenta Nuria de Pedraza, directora de comunicación de Aecoc, "además de darle a conocer los esfuerzos que se están realizando desde las empresas para reducirlo y proponerle herramientas para que él mismo pueda limitar tanto la generación de desperdicios como la reutilización de los recursos". 

La iniciativa también ha creado el decálogo de buenas prácticas para la prevención y la reducción de los desperdicios alimentarios. En él, las empresas que forman parte de la iniciativa se comprometen a impulsar internamente buenas prácticas, centrándose en la prevención y reducción de los desperdicios alimentarios siguiendo diez pasos. El primero es mejorar el intercambio de información entre los diferentes actores y la Administración Pública para llevar a cabo una correcta gestión del stock. El segundo, optimizar mecanismos y aplicar prácticas de eficiencia que favorezcan el transporte, la manipulación y la comercialización de los productos. El tercero, trabajar por la colaboración de los diferentes agentes en pos de una gestión eficiente, de manera que cualquier excedente se pueda canalizar a otros usuarios.

El cuarto, investigar e innovar en formatos de almacenamiento y empaquetado acordes con los hábitos de consumo de la sociedad, mientras que el quinto es mejorar la comunicación al consumidor sobre recomendaciones de consumo y conservación. Un sexto puesto lo ocupa crear mecanismos de medición del producto a lo largo de la cadena de valor, y la realización de informe periódicos de los avances conseguidos, colaborando con el Magrama. El séptimo continúa con promover prácticas eficientes que permitan a las empresas minimizar el desaprovechamiento del excedente producido. El octavo es establecer mecanismos para redistribuir el "excedente" producido durante la cadena de valor. El noveno, informar a las comisiones de seguimiento sobre los avances producidos. Y el décimo, trabajar de manera transparente y eficaz, para fomentar una producción, comercialización y un consumo responsable.

Para poder garantizar la seguridad alimentaria y la conservación de los productos en los Bancos de Alimentos y entidades beneficiarias, Aecoc repartió más de 40 arcones frigoríficos durante 2015, que fueron cedidos por empresas distribuidoras y transportados por varias empresas de transporte adheridas a la iniciativa "La alimentación no tiene desperdicio". Asimismo, la asociación ha puesto en marcha un plan de formación en manipulación de alimentos y seguridad alimentaria. Hasta el momento se ha formado a más de 600 voluntarios de los Bancos de Alimentos y entidades beneficiarias para conseguir un adecuado mantenimiento y proceso de los alimentos. Para esta acción se ha elaborado la Guía de Seguridad Alimentaria para Bancos de Alimentos, un documento que recoge todos los procedimientos a seguir para que los productos se trasporten y se manipulen en las mejores condiciones.