Aral Digital.- La mayoría de las compañías de alimentación y bebidas destinaron, en 2007, al menos siete millones de euros a la retirada preventiva de productos, según revela un estudio realizado por AMR Research junto a Lawson Software, proveedor global de soluciones de software de gestión empresarial. La mayoría de las compañías de alimentación y bebidas sufrió, el pasado año, al menos una retirada de productos que, en la mitad de los casos, implicó pérdidas que superaban la mencionada cifra.

De hecho, este estudio apunta a que el 40% de los encuestados incurrió en pérdidas de casi 14 millones de euros el pasado año, y todo ello a pesar de que los sistemas y procedimientos de trazabilidad alimentaria permiten evitar este tipo de acciones preventivas. Sin embargo, el problema es que las empresas del sector es que tardan demasiado en adaptar los modernos sistemas de trazabilidad.

El informe de AMR, “Trazabilidad en la cadena de suministro del sector de alimentación y bebidas” hace hincapié en un aspecto fundamental en la industria como es la aplicación de medidas que garanticen el seguimiento de los alimentos a través de la cadena de producción, algo obligatorio en la Unión Europea desde 2002.

Casos como la crisis de las vacas locas o, más recientemente, la retirada en España de aceite de girasol contaminado procedente de Ucrania entre los pasados meses de abril y mayo, representan la importancia de contar con sistemas que garanticen la seguridad de los consumidores y minimicen el impacto en las empresas.

El estudio indica, además, que, cuando surge un problema, las empresas del sector tardan una media de 14 días en detectar la necesidad de una retirada de productos, y 34 días para llevar a cabo dicha acción. En ese plazo, la empresas consultadas aseguraron que sólo es posible recuperar menos del 40%, de los productos afectados, puesto que el resto o se han consumido o se han desechado.

“A pesar de la percepción que existe entre las empresas alimentarias de que están haciendo un buen trabajo en la gestión de la calidad del producto, el asombroso coste que tiene su retirada demuestra que el planteamiento de hacer las cosas como siempre no funciona”, señala Rob Wiersma, director de Estrategia Industrial de Lawson Software. “Los productores de alimentos pueden ser bastante más eficaces en la gestión de la seguridad alimentaria para mejorar la calidad del producto y reducir el riesgo de la cadena de suministro”, añade.

Si bien la industria de alimentación y bebidas ha avanzado lentamente en la adopción de un moderno software de trazabilidad, muchas empresas parecen reconocer que ha llegado el momento de cambiar. Más de tres de cada cuatro empresas encuestadas tienen previsto realizar algún tipo de inversión este año en mejorar el tiempo que tardan en detectar un problema de calidad y en llevar a cabo la retirada del producto afectado. Una proporción similar de las compañías consultadas tiene previsto invertir este mismo año en la mejora de la trazabilidad en la cadena de suministro.

Un moderno software de trazabilidad, como Lawson Trace Engine, ayuda a las empresas alimentarias a rastrear información acerca de cada materia prima que utilizan, como por ejemplo, cuándo se cosechó una manzana, a qué temperatura se conservó para su transporte y en qué lote de producto se englobó. Al obtener ese nivel de detalle, hasta el punto de precisar el caso de cada unidad de producto, el software de trazabilidad ayuda a los fabricantes a detectar y resolver cualquier incidente que afecte la seguridad alimentaria o la calidad antes de que los productos abandonen la planta de fabricación o envasado.

Sin embargo, las cuestiones de seguridad alimentaria son sólo una de las muchas razones que pueden desencadenar costosas retiradas de producto. El software de trazabilidad también ayuda a las empresas del sector a encontrar rápidamente otros factores desencadenantes, como por ejemplo un producto mal etiquetado en el que figuran mensajes publicitarios incorrectos o que carece de advertencias para consumidores alérgicos. Esta mejoría en el tiempo de reacción permite a las compañías alimentarias hacer frente a una variedad de cuestiones relacionadas con la calidad del producto durante el proceso de fabricación para así reducir las pérdidas asociadas con cualquier retirada.

Según el estudio de AMR, las empresas que gestionan de manera eficaz la calidad de los productos poseen cinco características fundamentales, capacidad de seguimiento entre empresas, búsqueda por unidades, automatización del proceso de fabricación, revisión cruzada en equipo de los datos sobre calidad, y equipos de cadena de suministro maduros.