AMDPress.- El consumo de vino en España descendió hasta los 29,7 litros por persona durante 2002, casi cuatro litros menos que hace dos años. Este retroceso ha estado motivado por las caídas experimentadas el pasado año y que fueron del 3,3% en el caso del vino de mesa y del 16% en espumosos y cavas. Unos descensos que no pudieron ser compensados por el 1,1% de crecimiento de los caldos con denominación de origen, que sólo representan el 26,7% del consumo nacional, según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

El secretario general de la Federación Española del Vino (FEV), Pau Roca, considera que la situación revelada por los últimos resultados es “muy preocupante y es necesario que tanto la Administración española como la comunitaria adopten medidas de promoción que frenen esta caída en picado”.

De esta manera, el mercado nacional pasa del séptimo al décimo puesto mundial en términos de consumo, según los datos de la Oficina Internacional del Vino (OIV) como por las patronales Federación Española del Vino (FEV) y Asociación de Vinos de Mesa y de la Tierra (AVIMES).

En concreto, el consumo global de vino en el mundo alcanzó los 228 millones de hectolitros en 2002, lo que supone un aumento del 1,02% respecto al año anterior. El mayor porcentaje correspondió a Francia con 33,58 millones de hectolitros, seguido de Italia con 30,1 millones de hectolitros, Estados Unidos con 22,5 millones de hectolitros y España con 13,8 millones.

En términos relativos al consumo por persona, los luxemburgueses, con 63,5 litros por persona y año, son quienes más vino beben, por delante de Francia, con 58 litros; Italia, con 53,5 litros; Portugal con 45 litros; y Suiza, con 41,5 litros. Asimismo, durante el pasado año destacaron la línea ascendente de Dinamarca, con 32 litros por persona y año, así como los descensos de Hungría (30,5 litros), Uruguay (35 litros) y Argentina (34,3 litros).

Por su parte, el mercado norteamericano ha crecido hasta los 8,5 litros per cápita (7,7 litros en 2002). De esta manera, se presenta como un negocio en crecimiento, lejos de saturarse y muy apetecible para los elaboradores tradicionales como Francia, Italia o España, pero también para los productores del llamado Nuevo Mundo (Australia, Argentina, Chile, Nueva Zelanda y Sudáfrica).

En lo que se refiere a la producción, cifrada en 25 millones de hectolitros, es la cuarta mayor del mundo, por detrás de Francia, Italia y España. En este sentido, los caldos norteamericanos, especialmente los californianos del Valle de Napa y de Sonoma, así como los de Oregon, Washington y Virginia, han impulsado en los últimos años su comercialización de la mano del potencial de empresas como Ernest and Julio Gallo, Robert Mondavi o Seghesio..

En cuanto a los vinos procedentes del exterior, aunque al consumidor norteamericano no le importa pagar 50 dólares por un Pinot noir de Oregón, los llamados Vinos del Nuevo Mundo pueden ofrecer caldos de idéntica o mejor calidad por sólo cuatro dólares. Esto, sin embargo, no es obstáculo para que un mercado cada vez más abierto a los gustos monovarietales de uvas conocidas a nivel internacional (Cabernet sauvignon, Chardonnay, Sauvignon blanc, Shiraz, Merlot o Pinot noir) exija una amplia gama para satisfacer sus deseos.

Por su parte, los productores de Estados Unidos han encontrado en la uva Zifandel, original y expresiva, un carácter propio y personal a sus caldos y a un precio algo más moderado, ya que esta uva se adapta con facilidad al suelo norteamericano. Así, un Zifandel de Seghesio (Sonoma County Old Vine 2001) puede comprarse a 28 dólares, pese a haber obtenido una puntuación en cata de 92 puntos sobre 100 en las revistas especializadas en vino.

En línea parecida se encuentran otros caldos de la misma cepa con precios que oscilan entre los 23 y los 35 dólares (Beaulieu Vineyard Napa Valley, Carlisle Russian River Valley, Eleyse Howell Mountain, Haywood Sonoma Valley o Neyers Napa Valley Tofanelli). De igual forma, otra serie de vinos cuyos precios oscilan entre los 10 y los 15 dólares de esta misma variedad, aunque la conquista de los mercados internacionales, con excepciones, va más dirigida a las gamas altas de consumidores deseosos de probar otros caldos con un punto de exotismo y originalidad.