Cómo saber, durante la producción de los productos, de qué está compuesto un alimento antes de que llegue al consumidor, de cara a garantizar su calidad y seguridad es el reto de la nueva tecnología, presentada por Ainia centro tecnológico en el certamen BTA 2015, que se basa en la visión hiperespectral, mediante la que, a través de un sensor con una óptica especial, se obtiene la huella espectral infrarroja de cada punto del alimento, lo que permite obtener un mapa con su composición química.

Según Ricardo Díaz, jefe del departamento de Instrumentación y Automática de Ainia centro tecnológico, "esta tecnología permite realizar un control automático del 100% de la composición de cada alimento durante el proceso de producción". Sus aplicaciones en la industria agroalimentaria son diversas, por ejemplo, apunta Díaz, "medir la calidad, la composición, la contaminación bacteriana o la adulteración en productos cárnicos; comprobar la frescura, textura y presencia de parásitos en pescado; detectar defectos internos, externos, la madurez en frutas y verduras, la humedad, el contenido en grasa o la presencia de materias extrañas en frutos secos y snacks.

Esta tecnología, supone un gran avance con respecto a los métodos de inspección convencionales que tan sólo permiten evaluar características relacionados con el color, el tamaño y la forma. Por ejemplo, apunta Díaz, medir las propiedades químicas, obtener un mapa de composición, mientras que la espectroscopia infrarroja sólo mide en un punto, o realizar varias tareas a la vez como medir composición y detectar materias extrañas con una huella química diferente a la del producto.