El año 2014 ha sido el año de consolidación de la recuperación económica, aunque para la distribución alimentaria ha sido quizás el ejercicio más duro de toda la crisis, marcado sobre todo por la situación crítica de muchos hogares españoles, por la evolución del IPC de alimentación y por la climatología atípica que condicionó las ventas en los meses de verano.

No obstante, a pesar de la crudeza del entorno, las empresas de ACES han apostado por la economía española y eso se traduce en un incremento de las inversiones para situarlas de media en torno al 2% de la facturación, sin contar con las inversiones realizadas por los establecimientos franquiciados que ya suponen casi un tercio de los 3.000 establecimientos que tienen las cadenas asociadas en todo el territorio nacional. En el mes de septiembre avanzamos que estábamos en condiciones para empezar una recuperación de nuestra economía pero que ésta no llegaría hasta que el consumo privado de los hogares no ejerciera de tractor de la actividad.

Las previsiones de crecimiento de la economía española se acercan cada vez más al 3%, hay una posible explicación en un exceso de frenada del consumo en los primeros momentos de la crisis que pudiera estar detrás de la recuperación actual del consumo, que avanzó un 3,8 % en el cuarto trimestre del 2014, en un contexto de reducida inflación. Para nuestro sector, el principio de 2015 ofrece buenas perspectivas, con un 2,1% de previsión de incremento de ventas (2,9% reales y un efecto deflación de 0,8%).

La crisis generó nuevos patrones de comportamiento donde primaba la razón frente a la emoción, pero ahora empieza a repuntar la emoción y es difícil prever cuál será el nuevo punto de equilibrio

Cada uno de los 16,5 millones de pasos por caja semanales en nuestras tiendas no sólo arrastra valor añadido, empleo, inversión y recaudación en nuestro sector, sino que impacta de manera positiva en la actividad del transporte, la logística, la industria y la agricultura. Por ese mismo motivo, mantuvimos -con las otras asociaciones representativas de la distribución, de la industria y la producción primaria y de la restauración- una postura muy tajante en contra de una subida del IVA que hubiera abortado el proceso.

A pesar de esta función motriz que ejerce la distribución comercial sobre otros sectores, y de la coincidencia en muchos otros ámbitos con los representantes de los otros eslabones de la producción y la industria, actualmente uno de los debates más importantes al que nos enfrentamos es el la Ley de 12/2013 de mejora de la cadena alimentaria que reorienta el foco hacia los sempiternos planteamientos de "reequilibrio" de las posiciones negociadoras.

Entendemos que una vez se haya asumido la finalidad real de la ley, que es la de dotar de contratos a las relaciones comerciales, podremos volcar todos los esfuerzos en la mejora de la competitividad y eficiencia de la cadena de valor sobre la base de un análisis serio, riguroso y profesional de la situación de la producción y los mercados.

Es difícil determinar cuáles van a ser las claves de la competitividad de aquí en adelante, pero expertos de gran prestigio nos dan algunas pistas. Sin duda alguna, la competividad de las empresas y del conjunto de la economía debe enfocarse en un mercado cada vez más global. Actualmente, tenemos una palanca coyuntural que debemos aprovechar, como es la mejora de la financiación empresarial y la ventaja competitiva de la depreciación del euro, en un escenario estable de bajos precios del petróleo.

Para ello resulta fundamental proseguir con las reformas estructurales que sirvan para reforzar esa competitividad. Aquí, uno de los principales problemas sigue siendo el marco normativo, ya no sólo por las barreras tradicionales que existen en determinados mercados como el de la distribución comercial, sino la multitud de barreras técnicas a la libertad de establecimiento y a libre circulación de mercancías. La búsqueda de sinergias con otras actividades de servicios y, especialmente, reforzar la vinculación existente entre el comercio y el turismo, precisa la eliminación de muchas de las limitaciones que aun existen a la actividad comercial.

Nuevas tecnologías

La "omnicanalidad" y la aplicación intensiva de las TIC son sin duda otro de los retos. En los hogares españoles existe una media de 6 pantallas con las que comunicarse con el consumidor. Las nuevas tecnologías ofrecen un campo inmenso para las empresas, no sólo por las aplicaciones prácticas para el proceso logístico y para la propia utilización por los clientes, sino por la ingente información que se genera. Las compañías disponen de la capacidad de análisis de estos datos, pero nuevamente los problemas legales siguen siendo una barrera para su utilización práctica.

Hay mucho camino, no sólo por recorrer, sino por explorar tras la crisis, pero las tendencias del mercado apuntan hacia un consumidor más racional que está más informado y conectado que nunca, pero con ganas de dejar atrás la austeridad. Nos anima al cambio y a apostar con fuerza por mejorar la relación con el cliente y multiplicar la información de la que disponemos. El comercio minorista tiene que adaptarse para cubrir las necesidades de un nuevo patrón de consumidor.

La crisis generó nuevos patrones de comportamiento donde primaba la razón frente a la emoción, pero ahora empieza a repuntar la emoción y es difícil prever cuál será el nuevo punto de equilibrio. Dentro de la búsqueda de este nuevo consumidor los aspectos sociodemográficos y culturales nos enfrentan a una nueva sociedad, más envejecida. Hay un nuevo consumidor, con más de 80 años, cuyo número se disparará en casi todos los países en las próximas décadas.

Si consideramos el comportamiento que tendrán los "baby-boomers" (nacidos entre 1946-1964), los "millenials""(nacidos entre 1982 y 2000) y la llamada "generación X" (nacidos entre 1965-1982), podríamos tener que responder a un consumo dual o quizá simultaneando tres formas de consumo diferenciadas. Dentro de 20 años, los "millenials" serán mayoría y las tiendas tendrán que estar preparadas para dar un nuevo servicio a la generación más tecnológica. Para ello hay que reforzar algunos valores culturales, propios de la dieta mediterránea. La dieta saludable incluye también la socialización de la actividad de compra, la familia que va junta al supermercado, y las comidas en familia que ayudan a educar a las nuevas generaciones en los valores nutricionales. De hecho, se constata la influencia creciente de la variable salud en la toma de decisiones de compra.