AMDPress.- Lejos de suponer una merma en los ingresos de las principales empresas de distribución alimentaria, el verano representa su segundo “pico” en ventas del ejercicio, por detrás de la Navidad, que supone de media un 30% de las ventas anuales. Así, según estudios internos de la División de Distribución de Daemon Quest, firma española especializada en Inteligencia de Clientes, las ventas en la costa española, en especial en Andalucía, Levante e Islas, se multiplican por tres durante la temporada estival (julio, agosto y septiembre).

Sin embargo, este fortísimo incremento registrado en las grandes superficies alimentarias de la costa no se traduce en un descenso similar en los hipermercados y supermercados de las grandes ciudades. De hecho, en grandes urbes como Madrid o Barcelona, las ventas caen de media entre el 20% y el 40%, según la misma fuente. El progresivo escalamiento de las vacaciones de verano y el creciente turismo de ciudad, tanto interno como extranjero, explican este hecho.

Según el estudio, el inicio de la escalada de ventas en el litoral depende en buena parte del “efecto Semana Santa”. Cuanto más tardía es la Semana Santa, más se conecta esta temporada con el verano en un aumento sostenido y constante, ya que jubilados y pensionistas aprovechan para instalarse en la costa y enlazar su estancia con las vacaciones de verano.

En cualquier caso, el punto álgido de la temporada estival se sitúa siempre en la primera quincena de agosto, con especial énfasis en la primera semana: Daemon Quest calcula que sólo las ventas del 1 al 5 de agosto triplican las registradas en el período del 5 al 12 del mismo mes. En esta primera semana se registran las llamadas “compras de carga”, en las que el consumidor adquiere en grandes cantidades todos los productos básicos para su estancia. Posteriormente llega la llamada “compra de reposición”, que consiste en sustituir y/o completar los productos agotados tras la primera compra, lógicamente con un ticket medio de compra inferior.

Por productos, todos los líquidos, postres, helados, ensaladas, hortalizas y frutas disparan las ventas en verano, seguidos de los productos dietéticos y “sanos”. Los frescos se mantienen más o menos estables en facturación, aunque se observa un cierto trasvase del consumo de carnes, en beneficio de pescados y frutas. Asimismo, en verano se produce un sensible incremento en la venta de productos no alimentarios, que alcanzan hasta un 40% de la facturación de los establecimientos, como aires acondicionados y otros electrodomésticos de climatización, menaje básico del hogar para residencias alquiladas, muebles y utensilios de jardín.