El primer sector industrial en términos de facturación de nuestro país, la Industria de la Alimentación y Bebidas, está resultando ser inmune a la crisis. Basta con repasar los últimos datos de 2014 hechos públicos recientemente por la FIAB (la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas). La Industria Agroalimentaria española es la cuarta de Europa y la octava a nivel mundial. Supone el 2,7% del Producto Interior Bruto (PIB), ha facturado 91.000 millones de euros, tiene 380.077 afiliados a la Seguridad Social y sus exportaciones han crecido un 5,5%.

No cabe duda que es un sector estratégico para la economía de nuestro país y que tiene ante sí importantes objetivos hasta 2020: crecer un 4% anual en ventas, generar 60.000 empleos y exportar el 40% de la producción. Para hacer realidad estos retos, se apoyará en la eficiencia, la creación de valor, la internacionalización y la dinamización del sector. En la búsqueda de la competitividad y crecimiento sostenible del sector son claves la I D i, la Financiación y la Cooperación. El objetivo es aunar la ciencia con el mundo de la empresa, poner en consonancia la innovación con las demandas de los consumidores, abrir nuevos canales de venta a través de la internacionalización y poder optar a nuevas fuentes de financiación para competir en un mercado global.

La innovación debe estar presente además de en la eficiencia de los procesos, en la calidad de servicio, la creación de alimentos que aporten valor al consumidor final y al cliente, focalizados en la Salud, la sostenibilidad, el sabor y la conveniencia. Durante los últimos años, las empresas han centrado sus inversiones en I D i en los métodos de conservación de los alimentos, su trazabilidad, seguridad alimentaria y en tecnología de la transformación para producir más y mejor. Llega ahora el momento de incrementar la colaboración con Universidades y Centros de Investigación para promover el desarrollo de la innovación, ciencia y tecnología en los ámbitos que afectan directamente a la competitividad: la innovación en procesos productivos y en productos, la creación de valor añadido y fomentar la comunicación entre canales y clientes.

La innovación debe estar presente además de en la eficiencia de los procesos, en la calidad de servicio, la creación de alimentos que aporten valor al consumidor final y al cliente, focalizados en la Salud, la sostenibilidad, el sabor y la conveniencia

Para conseguir una base sólida de pymes innovadoras, la FIAB propone impulsar la innovación en el sector mediante un consorcio de Partenariado Público Privado (PPP) nacional, que incluya a: empresas, Centros de Investigación públicos, privados, Universidades y entidades financieras. La PPP sería un spin off de la Plataforma Food For Life Spain que cogestionaría las ayudas europeas a la innovación junto con la Administración Pública, a nivel nacional y regional.

Las empresas del sector Alimentación y Bebidas, en su mayoría pymes, tienen a su disposición ayudas nacionales, internacionales e incentivos fiscales para acometer actividades de Investigación, Desarrollo e Innovación (I D i). Además de las líneas de financiación nacionales a las que pueden acceder a través de organismos como el CDTI, MINECO, ENISA..., la Unión Europea apoya a la Industria Agroalimentaria a través de su programa H2020. El área de "Retos Sociales" del mismo, cuenta con 29.679 millones de euros de fondos, de los que 3.851 millones irán destinados a Seguridad alimentaria, agricultura sostenible, investigación marina, marítima, fluvial y Bioeconomía.

Otra de las vías de financiación directa sobre proyectos estratégicos de alto valor tecnológico en su sector o mercado es el Instrumento PYME de Horizonte 2020. Orientado a proyectos de innovación con alto potencial para el crecimiento, desarrollo e internacionalización, su dotación es de 2.700 millones de euros y sufraga el 70% de los costes subvencionables. Los beneficiarios pueden ser una PYME o Consorcio de PYMES. El proyecto debe basarse en una idea realmente innovadora, en estado avanzado, estratégico para la empresa y con cercanía al mercado.

En lo que a incentivos fiscales se refiere, las compañías innovadoras pueden acceder en el Impuesto de Sociedades a las deducciones fiscales, principal recurso externo empleado para financiar la I D i. Sin embargo, son pocas las empresas que obtienen un retorno fiscal sobre estos incentivos. Las deducciones fiscales por I D i no han resultado tan efectivas en la práctica como se preveía porque la base imponible de las empresas era negativa o muy baja, y por tanto, no tenían la posibilidad de que esa inversión en I D viera resultados al año siguiente, lo que les obligaba a esperar a tener beneficios para utilizarlos. Con la entrada en vigor en 2013 del Cash Back, se permite que las empresas con pérdidas puedan solicitar al Estado la devolución del 80% de la deducción para su actividad y reinvertirlo en I D. España es el único país de la Unión Europea que incentiva este tipo de innovación tecnológica y supone una gran oportunidad para las empresas.

Otra de las alternativas son las bonificaciones a la seguridad social por personal investigador. Las entidades con trabajadores con dedicación en exclusiva a actividades de investigación y desarrollo e innovación tecnológica (I D i), pueden obtener una bonificación del 40% en las aportaciones empresariales a las cuotas de la Seguridad Social por contingencias comunes. La importancia adquirida por el sector Agroalimentación en nuestra economía bien merece el reconocimiento de sus empresas y el esfuerzo realizado en I D i. Con las ayudas mencionadas, sin duda alguna les será más fácil alcanzar los retos que tienen ante sí de forma sostenible.