El gobierno británico ha decidido prohibir la adquisición de las actividades de Bass en Gran Bretaña por parte de su competidor belga Interbrew. El ejecutivo británico, a través de Stephen Byers -ministro de Comercio e Industria-, estima que de producirse esta operación se “reduciría la competencia en el mercado, lo que llevaría a un alza de precios y a una restricción de las posibilidades de elección por parte del consumidor”. Así, Byers hace suyas las conclusiones de los informes de los dos organismos británicos reguladores de la competencia, como son la Comisión de la Competencia y la Office of Fair Trading, que dictaminaron que una transacción de estas características sería contraria al interés público. Según la Comisión de la Competencia, si se llegara a producir la operación Interbrew poseería cuatro de las diez principales marcas de cerveza del mercado británico, y dos de ellas (Carling y Stella Artois) se situarían entre las tres primeras.