La sostenibilidad está de moda.  Ya hace unos años que fabricantes y retailers apuestan por el desarrollo de soluciones más sostenibles para el medio ambiente. Sin embargo, ha tenido que venir el Covid19 para hacernos ver que, más allá de un punto en la agenda, la sostenibilidad es la clave de nuestra supervivencia a medio-largo plazo, y que ya no hay excusas para no incorporar este concepto en nuestras estrategias de crecimiento. Debemos tomarla como una variable más, además del surtido, la política de promociones o la gestión de la cartera de clientes. 

Quedan menos de 10 años para 2030, momento en que finalizará el plazo fijado en septiembre de 2015 por la ONU para el cumplimiento de una serie de objetivos globales como parte de una nueva agenda de desarrollo sostenible.  ¿Pero qué se entiende por desarrollo sostenible?

Cada sector entiende y adapta esta palanca a sus propias particularidades, pero cuando hablamos de gran consumo y de retailers, no cabe duda de que productos, servicio al cliente y cadena de suministro son tres puntos clave sobre los que se pueden producir mejoras significativas en este ámbito.

“Ser sostenible está de moda y además nos revaloriza frente a nuestros clientes”

Avanzar en términos de sostenibilidad en productos es lo más evidente desde el punto de vista del consumidor: envases realizados con material reciclado, packagings más sostenibles en términos de formato, pero también de materiales, producción KM0 o productos BIO. El abanico de oportunidades es amplio y en la mayoría de los casos muy visible, de forma que el retorno en términos de imagen de los fabricantes productores es fácilmente monetizable

Un servicio al cliente “sostenible” es también un concepto fácilmente identificable en aquellas empresas que lo practican, y sobre todo desde el punto de vista del retailer. Opciones como Zero Papel en sus tickets, descuentos por el uso de envases que proporciona el propio cliente, bolsas realizadas de materiales reciclables… además de un decálogo de buenas prácticas donde en muchas ocasiones delegan la responsabilidad de la sostenibilidad en el surtido de productos ofrecidos y, por tanto, en el fabricante final. 

Sin embargo, cuando hablamos de cadenas de suministro sostenibles, la cosa cambia.  Dado que estamos hablando de procesos internos de las compañías, estos no se evidencian al cliente final por lo que el aliciente de incorporarlo es menor. De hecho, es complicado que se implemente a no ser que la compañía este totalmente convencida de apostar por ello más allá del impacto en los clientes finales ¿Por qué no se hace de forma natural?

A priori, porque pensar en sostenibilidad significa invertir, y esa inversión, no siempre tiene un retorno inmediato. En ocasiones además se percibe como un gasto. ¿Qué necesidad tenemos de gastar más, y especialmente ahora, que estamos en tiempos de crisis?

Sin embargo, más allá de la necesidad de incorporar en nuestro decálogo de intenciones la sostenibilidad, trabajar esta línea puede suponer, reducciones de costes que, bien trabajados, pueden visibilizarse y ayudar a reposicionarnos en el imaginario de nuestros clientes. Ser percibidos como empresas preocupadas por el medio ambiente y el bienestar de las generaciones futuras es, hoy en día, un factor de diferenciación respecto a nuestros competidores, que bien apalancada puede ayudarnos no solo a captar nuevos compradores sino también a fidelizarlos.

¿Cómo aterrizamos, por tanto, el concepto de sostenibilidad en las cadenas de suministro?

Se me ocurren varias opciones, pero me gustaría enfocarme en aquellas que tienen que ver con la automatización, el uso eficiente de recursos y la trazabilidad, ya que es quizás una de los más avanzados en el marco de colaboración Retailer-Proveedor.  Recientemente escuchaba cómo Carrefour y Nestlé en Francia habían colaborado para asegurar la trazabilidad de los productos del gigante de la alimentación, así como la transparencia y el respeto al medio ambiente a lo largo de toda la cadena. Además, sé de acuerdos similares en China con JD.com y Walmart.  Como ya comentábamos antes, es uno de los puntos del decálogo de sostenibilidad que los distribuidores confían a las marcas total o parcialmente a través de acuerdos colaborativos.

También el uso eficiente de recursos es fácilmente reconocible, bien sea porque la oferta de surtido ofrecido implica menores costes (tales como KM0), o por el uso de materiales realizados con materiales reciclados y reciclables: bolsas de papel/plástico, estanterías y material en el punto de venta realizados con residuos, eliminar el papel de facturas y descuentos… 

Y llegamos finalmente a la automatización, y lo primero que nos viene a la cabeza nos remite a operaciones más sencillas y mucho más eficaces, usando formas más innovadoras de relacionarnos con proveedores y compradores:  Programas de gestión, relaciones más transparentes, mejora de procesos, colaboración con proveedores, gestión del out of stock … son conceptos que habitualmente asimilamos a la automatización y que en todos los casos abogan por una reducción de costes transaccionales, y con elevadas dosis de tecnología y gestión de datos avanzada implicadas.

A mí me gustaría sin embargo ir más allá, y no pensar sólo en la automatización como un proceso en sí mismo, sino como un medio para conseguir otro tipo de fines que también, y especialmente, refuercen el respeto al medio ambiente. No sólo porque nos ahorramos dinero, sino porque creemos en ello. Un ejemplo: ¿habéis pensado cómo aplicar la automación en reducir el desperdicio alimentario?  Este es uno de los puntos acordados como Metas de desarrollo sostenible para el 2030, pero más allá de reducir los stocks, o limitar el surtido en nuestras estanterías, resulta difícil encontrar casos que lo ejemplifiquen.  ¿Os imagináis un sistema de reposición de estanterías que asegure la rotación de productos basado en el FIFO (First in-First out) sin necesidad de tener que darles la vuelta a todos los productos en el lineal? Imaginaos el ahorro de tiempo que supone, pero además la reducción en desperdicio alimentario al mantener los productos más próximos a caducar en primer lugar. Automatización sí, pero de primera línea.

Como decíamos al principio, ser sostenible está de moda y además nos revaloriza frente a nuestros clientes.  Asumamos el liderazgo en la implantación de procesos automáticos porque son más eficientes, pero también porque impactan directamente en la reducción de mermas y el desperdicio, suponiendo en todos los casos un menor impacto en el medio ambiente. Incorporémoslo a nuestra comunicación y convirtámoslo, además, en una palanca de diferenciación frente a nuestros competidores.